Ya no es lo que era, desnutrida de vida por culpa del segundo sol que se apoderó de la gravedad de la Tierra, obligándonos a salirnos del eje al que nos tenía nuestro astro acostumbrados.
Ya no brillan las estrellas, porque una capa de polución nos las ha robado.
Ya no hay pájaros que cantan en la mañana porque ya no hay mañana a la que cantarle.
Solo nos queda un brillo anaranjado perpetuo en el cielo, herencia de la contaminación lumínica que nos atenaza día y noche.
Y luego están ellos. Los del espejo.
Creía que era una alucinación la primera vez que los vi. Primero tímidos, solo mostrando los ojos como destellos en el espejo. Después unas siluetas, hasta que hace poco se han dejado ver por completo. No son sombras, no son humanos. Son más como de color ceniza. ¿De dónde salen? No hablan.
Solo me miran. Nunca les he dicho nada. Nunca les miro fijamente, jamás hago entender que les puedo ver.
Pero ya no puedo tener espejos en mi habitación; es más, ya no duermo en mi habitación, ni tampoco en mi casa. Pero los he comenzado a ver en otras partes. En cada objeto que refleja algo… mi hermana también los ve. Ella es más valiente, les mira, les sonríe, les habla… pero ellos solo la miran. No sonríen. No se miran mutuamente, solo la observan.
Que ella los vea me hace sentir mejor, puede que después de todo no esté loca.
Arkham… ¿Qué ha sido de tu esplendor perdida? ¡¡Tanto fuiste!!
Nuestro nuevo Sol se pelea con el antiguo y cada cierto tiempo nos ocasionan verdaderos dolores de cabeza. Magma que brota de los lugares más insospechados… y para colmo, hay quién dice que ha visto naves espaciales. ¡Naves espaciales! Pero si hace más de una década que no podemos ver el puto cielo estrellado…
…
Ha desaparecido, no sé cómo ha pasado pero ya no está aquí. No en este mundo. Nadie la ha visto. Mi hermana. ¿Habrán sido ellos?
Cada vez estoy más asustada.
Arkham… la vieja iglesia donde antaño se postraran en su cima seres enmascarados prometiéndonos paz y serenidad ahora es lamida por las llamas del infierno. Solamente la vi una vez, con sus elementos en madera rojiza, tan ricos en detalles…
Hoy ha sido el peor día de mi vida. Mi hermana está al otro lado del espejo.
Me mira, pero no me habla. Aunque lo intenta. No la oigo. Llora, se desespera, se tira del cabello. Los grises la miran, ahora ríen a carcajadas y me señalan con el dedo.
Entonces mi hermana idea la forma de comunicarse conmigo, el vaho.
¡Bendito vaho!
Gracias a él me dice que vaya a cierta parte de su casa, que hay una pared, y una estantería, que ponga la mano en la pared, ¡y no hay pared! Es la entrada a esta dimensión maldita. Donde habitan los grises. Lo hago. Voy a esa parte de la casa, pero antes me pongo un chaleco que he pedido prestado para escalar y me lo sujeto como si no existiera un mañana… cojo un par de arneses y los sujeto a la viga del techo, de madera. Ni la madre de Dumbo podría quebrarla. Me acerco a la pared, un sudor frío me recorre la espalda.
Primero pongo una mano, después la otra.
Retrocedo.
Sólo una mano… el brazo, noto que alguien tira de mí. ¿Será mi hermana?
De pequeña jugábamos a un pequeño juego de ponernos las uñas bajo las yemas, dependiendo de la reacción de la persona que tira de mí sabré si es ella…
¡Es ella!
Entonces tiro de ella con fuerza hacia mí. Parece que la estén sujetando. Y ahí mi arma secreta: No estoy sola de este lado de la pared. Dos personas más están tirando de mí a través de los arneses y poco a poco vemos los brazos de mi hermana, la abrazo creando una sola masa que arrastrar. Está de nuevo aquí, algo morada, pero está aquí.
Pero tras ella sale una cabeza, es una de las caras grises que me han estado observando durante tanto tiempo. Ahora sonríe. Carcajea y ese sonido hace que se me hiele la sangre.
Esa noche en el cielo comienzan a aparecer luces, aterrizan naves en la Tierra. La gravedad del nuevo sol nos ha acercado a otros planetas habitados.
¿Vendrán en son de paz? Y en mi cabeza obtengo la respuesta. No.
De alguna manera entiendo que los seres grises son los que están dentro de esas naves y que a través de los espejos nos han estado observando.
¿Qué tenía que ver eso con la “dimensión de la pared”? Ni idea. Pero mi hermana y yo tenemos clara una cosa: jamás nos vamos a volver a acercar a un espejo, y que preferimos lo que salga de esas naves, a volver a entrar en esa casa.
Arkham… danos la posibilidad de defendernos. Cierro los ojos, y los siento abalanzarse sobre mí. Vuelvo a abrirlos. Ya no hay nada.
Vuelvo a estar en mi habitación acolchada en algún lugar del sanatorio de Arkham.
Por la ventana entran los rayos del Sol, de nuestro verdadero Sol. Me acerco a ella y me dejo calentar a su estela. Un “click” hace que me gire. Es el doctor Bo. Y tras él entra una niña, con el cuerpo menudo y los ojos brillantes, con la piel gris, que me mira y sonríe, y se carcajea. Yo he visto esa cara antes… y ella lo sabe.