Capitulo 1 Aullidos En El Desierto

TU que quieres aprender la sabiduría de los seres ocultos y atravesar las avenidas de sombra que transcurren entre las estrellas, escucha este canto de dolor que entonó el que pasó antes que tú sin ser visto, para que puedas seguir el canto de su voz por las arenas azotadas por el viento que borran las huellas de sus pies. Todo el que entra en el Espacio Vacío va solo, pero donde ha ido uno puede seguirlo otro.
No apartes tu mente de los miedos nocturnos, abrázalos, en cambio, como un amante. Deja que el terror se apodere de tu cuerpo y que corra por tus venas su embriaguez para que te despoje del juicio, de la razón misma. En la locura de la noche, todos los sonidos se vuelven articulados. El hombre que está seguro de sí mismo, que confía en su fuerza, que es consciente de cuál es su lugar adecuado, no pierde jamás la ignorancia. Tiene la mente cerrada. No puede aprender en la vida, y tras la muerte no hay adquisición de conocimientos, solo hay certeza interminable. El más alto de sus logros es servir de alimento a los seres que se arrastran y cavan galerías, pues estos, en su hambre irreflexiva, son puros, no están contaminados por la razón, y su pureza los eleva por encima del orgullo que acarrea la podredumbre de nuestra raza.
Retorciéndote de terror, tendido sobre el vientre, te levantarás con conciencia de la verdad, con los alaridos que llenan la garganta involuntariamente se purga la mente de la corrupción de la fe. No creas en nada. No hay propósito en el nacimiento, ni salvación de la muerte en la vida, ni recompensa tras la muerte. Abandona las esperanzas y te harás libre, y con la libertad adquirirás el vacío.
Los seres nocturnos que saltan, bullen y revolotean al borde de la luz del fuego de campamento solo existen para enseñar, pero el hombre solo es capaz de comprender sus palabras cuando el miedo le ha hecho perder el recuerdo de su nombre. Cuando estés tendido a solas, acudirán a ti dos doncellas que te conducirán hasta ese lugar que está dentro de ti y que no se puede conocer, solo sentirlo. Esas doncellas son el Terror y la Desesperación. Deja que te guíen hasta las pesadillas que se suceden unas a otras como los granos de arena arrestados por el viento, hasta cubrir los hitos de tu mente. Cuando te hayas perdido en el yermo de la nada sin fin, entonces vendrán los seres de la noche.
Una vez abandonada absolutamente toda esperanza, todo lo demás te abandonará, salvo el miedo. Habiendo olvidado tu nombre, con tus recuerdos despojados de significado, sin deseos, ni propósitos, ni remordimientos, dejarías de existir por completo y te harías uno con la grandeza de la noche, si no fuera por el miedo. Que tu terror sea tu punto de apoyo entre el océano de la oscuridad. No te puedes apartar de él, pues es lo único en que te has convertido. El miedo puro no tiene variedad, es homogéneo, sin líneas ni colores, por eso, el hombre que se halla en la culminación del terror está unido a todos los demás hombres aterrorizados, más aún, en el terror puro se hace uno con todas las criaturas temerosas de este mundo o de todos los demás mundos, tanto en este momento como en los eones lejanos del tiempo, y en esa unidad en la que reside la sabiduría de todo se le abre la mente y hablan los seres de la noche.
El dolor es el terror del cuerpo, y así como el cuerpo no es sino un pálido reflejo de la mente, del mismo modo el dolor de la carne no es más que un eco lejano del terror de los sueños. Con todo, no desprecies tu dolor, pues tiene sus funciones. El dolor fija la mente a la carne. En ausencia de dolor, la mente subiría volando y se perdería en los espacios que están entre las estrellas y la consumiría la oscuridad. Así como la mente puede perder todos los aspectos de sí misma, pero nunca deja de temer, del mismo modo puede perder el cuerpo toda su fuerza, todas sus sensaciones o sus anhelos, pero no dejará nunca de sentir el dolor. Mientras hay vida, hay dolor, y el dolor prosigue aun cuando ya no hay vida.
La desesperación no está separada del terror, sino que es la consecuencia de la retirada del miedo. Cuando la mente está llena de terror, no queda lugar para nada más, pero cuando el terror disminuye en parte, como debe suceder, pues crece y mengua como las mareas de los mares, entonces la mente queda limpia y vacía, y este estado es lo que llamamos desesperación. En la desesperación hay un vacío que ansia ser llenado. Deja que lo llenen los seres de la noche con sus susurros, y adquiere de este modo la sabiduría de las cosas secretas de este mundo, y de otros mundos ignorados por los hombres.
El hambre es el más útil de todos los dolores, porque muerde sin cesar, como el gusano en la tumba. Es la puerta de entrada a una vacuidad amplia e incesante: nunca se llena, sea cual sea la clase de alimento o su cantidad. Todas las criaturas vivientes no son más que manifestaciones corpóreas del hambre. El hombre es un tubo que ingiere alimentos por un extremo y excreta los residuos por el otro. ¿Cómo podría estar el hombre sino vacío? Esto no solo es cierto respecto del cuerpo, sino también respecto de la mente. El estado natural de la mente es el vacío. Todos los esfuerzos por llenarla no son sino distracciones temporales que no llegan a refutar esta verdad.
Aprender la sabiduría arcana es la más sencilla de las tareas. Purga la mente con el terror, purga el cuerpo con el dolor y el hambre. Llévate a ti mismo a los espacios vacíos del mundo, que expresan, dentro de sus limitaciones, las mismas cualidades de los espacios vacíos que están entre las estrellas. Los seres que residen allí velan siempre. Solo existen para enseñar. Tras el terror viene la desesperación, y en la desesperación resulta inteligible el lenguaje de las sombras. Cuando vacías tu mente del yo, las criaturas de la noche la llenan con su sabiduría.
La más sabia de estas criaturas es el escarabajo negro que vive del estiércol de los demás. El alimento muerto es mejor que el alimento vivo, ya que su esencia está más próxima al estado último de descomposición al que tendemos todos. De la corrupción surge nueva vida. Llénate de corrupción y renacerás de ella, así como surgen los hongos y relucen con brillo propio en el rostro de los muertos que llevan algunos años reposando en sus tumbas. Emula a los escarabajos y a los gusanos y aprende sus enseñanzas. Come de los muertos, para que no seas consumido por el vacío. Los vivos no pueden enseñar a los muertos, pero los muertos pueden instruir a los vivos.
En el yermo residen aquellos seres que no pueden soportar la luz de la razón. Así como el hombre es criatura del día y deja de conocerse a sí mismo durante la oscuridad, del mismo modo esos seres del vacío dejan de articular su identidad durante las horas de sol. Duermen de día y se despiertan por la noche para alimentarse. El estiércol de esos seres solo se puede consumir cuando la mente se ha vaciado por el terror y se halla en un estado receptivo de desesperación. Si no se ha purgado perfectamente la mente, los excrementos de esos seres se vomitarán y se perderán. El arrebato exquisito del hambre retiene todos los alimentos y extrae nutrientes hasta de los caparazones de los escarabajos y de las deposiciones de los gusanos. Ingiere sabiduría a las horas de oscuridad y duerme de día.
Sepárate de la humanidad, pues ¿de qué te sirven esos necios pálidos, atónitos, y su cháchara incesante? No cumplen ninguna función en vida, y en la muerte no son más que comida para las criaturas que se arrastran. Desmóntate a ti mismo, abraza tu miedo y escucha la oscuridad. Tus maestros acudirán, cuando se presenten ante ti, consume su sabiduría. Masca con los dientes sus caparazones quitinosos y participa de su esencia. El zumbido de sus alas y el frote de sus patas es música. Consúmelo todo, incluso a los otros seres que se acerquen, los que no tienen cuerpo sino solo dientes y ojos que brillan en las sombras. Los seres que se arrastran instruyen al cuerpo, y las formas de las sombras enseñan a la mente, pero es preciso consumir la sabiduría de unos y otros. En el universo no hay más que hambre. Devóralo todo.

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