Cartas

H.P. Lovecraft sobre el Horror en la Literatura:

De los escritores americanos más jóvenes, ninguno ha llegado a pulsar la nota del horror cósmico tan bien como el poeta, artista y prosista californiano Clark Ashton Smith (…) Ningún escritor muerto ni vivo ha podido superar a C. Ashton Smith en la evocación de una atmósfera extraña y demoníaca y en fecundidad de ideas. ¿Quién si no él ha contemplado esas visiones espléndidas, lujuriantes y febrilmente distorsionadas de esferas infinitas y múltiples dimensiones y ha vivido para contarlas?


Carta de H.P. Lovecraft al editor de Weird Tales en contestación a la petición de Robert Bloch:

Certifico que Robert Bloch queda plenamente autorizado para retratar, matar, aniquilar, desintegrar, transfigurar, metamorfosear o bien maltratar al abajo firmante en el cuento titulado El Vampiro Estelar.


En una carta de Lovecraft fechada el 23 de Enero de 1920:

Para el hombre evolucionado — la cumbre del perfeccionamiento orgánico en la Tierra — ¿Qué rama del pensamiento se ajusta mejor que aquella que conquista las más altas y exclusivas facultades humanas? El salvaje primitivo, o simio, simplemente rebusca en la selva para encontrar una compañera; ¡el ario eminente debe elevar sus ojos a los mundos de más allá y considerar su relación con el infinito!


Carta de Lovecraft a Richard Franklyn Searight en 1934.

¡Felicidades por la publicación de El Sarcófago! Supe desde el principio que era una historia magnífica, y me alegra oír que el Duce Farnsworth ha visto por fin la luz. Siento no obstante que haya exigido cambios, pero una publicación "mutilada" es mejor que nada cuando uno está empezando".


En una carta de 1921 a Reinhardt Kleiner, Lovecraft le relató un sueño que había tenido -descrito como "la pesadilla más horrible y realista que he tenido desde los diez años"- que sirvió como base para su poema en prosa "Nyarlathotep".

En el sueño, recibía una carta de su amigo Samuel Loveman que decía: "No dejes de ver a Nyarlathotep si viene a Providence. Es horrible -más horrible de lo que te puedas imaginar- pero maravilloso. Te atrapa durante horas. Todavía tiemblo al recordar lo que me mostró." Nunca había oído el nombre Nyarlathotep anteriormente, pero parecía comprender la alusión. Nyarlathotep era una especie de showman o conferenciante ambulante que realizaba espectáculos públicos en los que extendía el terror y la discusión en sus exhibiciones. Estas exhibiciones consistían de dos partes -primero, una horrible y posiblemente profética historia cinemática y posteriormente experimentos extraordinarios con aparatos científicos y eléctricos. Cuando recibí la carta, me pareció recordar que Nyarlathotep ya estaba en Providence… y me pareció recordar que algunas personas ya me habían hablando de los horrores y me advirtieron que no me acercara… pero la carta de Loveman terminó por decidirme. Mientras dejaba la casa vi multitudes de hombres, pululando en la noche, todos susurrando y dirigiéndose en una dirección. Les acompañé, temeroso pero fascinado por acudir a ver y oír al gran, oscuro e impronunciable Nyarlathotep."


En una carta de Lovecraft a un colaborador suyo sobre el personaje de su reciente relato:

Para Reinhart Kleiner
Bendito San Juan:
Al abandonar estas consideraciones sobre la fantasía, me siento llevado a preguntar por qué el señor Ludlow encuentra tan necesaria la ayuda del narcótico para la percepción de un mundo ideal de encantamiento y sublimidad. Me parece que un hombre de imaginación activa tendría que ser capaz de contemplar con vividez ante sus ojos cerrados cualquier visión que su mente pueda concebir, independientemente de cualquier estímulo externo. Estoy seguro de que me he asomado a panoramas tan extraños, tan terribles, y tan magníficos como la mayoría de los del señor Ludlow, y todo sin haber compartido nunca ninguna droga o estimulante. Es mi opinión que la mayoría de las personas vulgares dependen demasiado de los sentidos físicos, descuidando las potencialidades más aireadas poseídas por la imaginación desencadenada.
Sigo siendo, Sir, su más obediente y agradecido Servidor.
Theobaldus


En una carta fechada el 26 de Mayo de 1923:

Para James F. Morton
Allá en la granja
Doctissime et Oroatissime:
…No tengo opiniones… no creo en nada… pero adopto por el momento cualquier opinión que me divierta o esté opuesta a la de la persona o personas presentes. ¡Oh, hum! Mi cinismo y escepticismo van en aumento, y por una causa totalmente nueva: la Teoría de Einstein. Las últimas observaciones de eclipses parecen ubicar este sistema entre los hechos que no pueden pasarse por alto, y supuestamente quita el último punto de apoyo que la realidad o el universo puede tener para la mente independiente. Todo es azar, accidente, e ilusión efímera: una mosca puede ser más grande que Arcturus, y la Colina Durfee puede superar al Monte Everest: asumiendo que se los quite del planeta actual y se les dé un entorno distinto en el continuum del espacio-tiempo. No hay valores en todo el infinito: la más mínima idea de que los haya es la burla suprema de todo. El cosmos entero es una broma, y adecuado para ser tratado sólo como una broma, y una cosa es tan cierta como otra. Creo en todo y en nada, porque todo es caos, siempre lo ha sido, y siempre lo será. Tranquilidad, diversión: éstas son las únicas cualidades relativas adecuadas para ser clasificadas como valores…


Carta a Robert Bloch enviada el 1 de septiembre de 1933:

Torre Sellada de N'kung
Hora de la Señal de la Nebulosa Oscura
Querido Bho-Blôk:
Me asombras cuando dices que sólo sueñas unas dos veces al año. Yo no puedo quedarme dormido ni un par de segundos—incluso en mi sofá o en mi escritorio—sin experimentar los sueños más vívidos; que no siempre son bizarros o fantásticos, pero siempre claros como la vida misma. Raramente sueño cosas cotidianas recientes, tiendo a retrotraerme 30 años o más a mi infancia—periodo que es sin duda el más feliz de mi existencia. En nueve de cada diez sueños, soy un niño en pantaloncitos cortos en la casa de mi niñez, junto a mi madre, mi abuelo y otros parientes y amigos fallecidos. Habitualmente el escenario suele ser bastante consistente—caballos y carruajes, cochecitos de calle con las capotas abiertas, etc. —aunque ocasionalmente algún elemento moderno se encuentra ilógicamente insertado en la atmósfera de 1903. En otras ocasiones estos elementos modernos se ven adaptados o reconciliados con el año 1903 de una forma que resultaría extremadamente ingeniosa si se tratase de un trabajo consciente. Pero aparte de estos sueños comparativamente mundanos, ocasionalmente tengo algunos estrictamente fantásticos, buen material para la escritura de relatos. La noche pasada me encontraba entre un partida de hombres aprensivos y silenciosos armados con un artilugio oculto parecido a una ankh o crux ansata—trepando por escalera y siguiendo un precario camino sobre los apiñados tejados de una podrida e increíblemente antigua ciudad, en búsqueda de un vago ser de infinite e increíble malignidad que ha estado afligiendo a los lugareños. Una vez—a la luz de una luna leprosa y decreciente—vimos a esa cosa…un ser negro, agazapado, de grandes orejas, del tamaño aproximado de un enorme perro, con un vago parecido a las gárgolas de Notre Dame. Al final escapó de nosotros de manera peculiar. Nuestro líder, parecía, era un hombre joven de aspecto distinguido montado a caballo, que no trepó por los techos como lo hicimos nosotros siguiendo sus órdenes. Todos a la vez, perseguimos a la cosa de techo en techo haciéndola recular a la vista de nuestras ankh de resplandeciente metal, la cosa extendió unas rudimentarias alas de murciélago y voló hacia nuestro líder que permanecía montado sobre su caballo muy lejos de nosotros. Mirando hacia abajo, vimos a la blasfemia fundiéndose plástica y horriblemente con la apuesta figura del capitán y su montura, hasta que en un instante había un ser donde antes hubo dos…un impresionante ser híbrido cubierto por la capa de seda de nuestro capitán, con el negro hocico y las enormes orejas de la maligna entidad en el lugar de la cara. Miro hacia arriba y de reojo—aullando cosas que no pudimos comprender—y salió a galope tendido sobre el caballo que una vez fue de nuestro capitán. Quedamos confusos—descendiendo alocadamente por el suelo sin nieve, aunque levemente helado—cuando me desperté. Y eso es todo, insuficiente para un relato, pero un típico ejemplo del tipo de sueños que tengo una—o quizás dos veces—a la semana.
Tuyo en el Rito Negro de Yaddith
Eich-Pi-El


Carta enviada a Frank Belknap Long el 13 de Mayo de1923.

Hogar de Ancianos
¡Hola, Hijo!
Envié “Dagón”, “Arthur Jermyn”, “Los gatos de Ultra”, “El sabueso” y “Randolph Carter” a Weird Tales. El editor contestó que le gustaban, pero que no podía considerar su aceptación hasta que los enviara mecanografiados a doble espacio. No estoy seguro de si me voy a molestar en hacerlo o no. Necesito mucho el dinero, pero ¡uf! ¡Cómo odio mecanografiar! Tal vez lo intente sólo con “Dagón”… siguiendo con los otros sólo en caso de aceptación definitiva. Aborrezco el esfuerzo. ¡En un par de semanas espero ver a un moreno y siniestro italianito envenenador jugueteando alrededor de la estufa de piedra del Abuelo! Es una condenada vergüenza que no duermas bien lejos de casa: pero no puedo dejar de pensar que puedes hacerlo aquí, en un cuarto cómodo que está bien arriba y lejos de todo el mundo, donde puedes dejar afuera toda influencia distractiva y permanecer sobre la cima de la colina de los sueños tanto como quieras por la mañana. ¡Es una casa amable! Yo no pude dormir lejos de casa hasta hace muy poco, pero las visitas repetidas me permitieron hacerlo gradualmente. Pasará lo mismo contigo, supongo. Dile al Abuelo cuándo vienes, cuánto te quedarás, y qué te gustaría hacer. No vaciles en rechazar cualquier plan del Viejo Caballero que pueda parecer demasiado aburrido o agobiante para los jóvenes latinos, ¡porque al Abuelo pretende complacer! ¿Te gustaría ver a los bostoniano… o a algunos de ellos? ¿Y qué te parece ir a Salem y Marblehead? Tal vez probemos con la antigua Plymouth, que nunca he visto, viajando así como iguales en la ignorancia, en vez de cómo guía y novicio. Pero todo depende de tu propia inclinación. ¡En todo caso, prometeré no matarte caminando! Nada debe perturbar mi carácter inglés no diluido: ¡Dios lo salve al Rey! Soy de naturaleza nórdica: un teutón blanco como la tiza, corpulento, de los bosques escandinavos y alemanes del Norte; un vikingo; un asesino ‘berserk’; un nómada depredador de la sangre de Hengist y Jorsa; un conquistador de celtas y mestizos y fundador de Imperios; un hijo de los truenos y los vientos árticos, y hermano de las heladas y las auroras; un bebedor de sangre de enemigos en cráneos recién recogidos; un amigo de las águilas montañesas y alimentador de buitres de la costa marina; una bestia rubia de las nieves eternas y los océanos helados; alguien que ora a Thor y Woden y Alfadur, y un ronco aullador de Niffleheim; un camarada de los lobos, y jinete de pesadillas; sí: hablo en serio, ¿porque acaso no nací con cabellos rubios y ojos azules; sin que los últimos se pusieran negros hasta tener casi dos años, y los primeros durando hasta que tuve más de cinco? ¡Jo, por la caza y la pesca del Valhalla! ¿O quién sabe…? Los Phillips provienen de la frontera de Gales, esa mística tierra macheana. Puede haber allí algún rastro de sangre de algún depredador Romano de Britannia Secunda, cuya capital era Isca Silurum con sus muros, su noble anfiteatro, su Templo de Diana con columnas etruscas, su Pons Saturni, sus pavimentos de mosaico, sus inscripciones del Septimii Severi, sus Via Nympharum y Via Julia… ¡Io Triumphe! ¡¡S. P. Q. R.!! ¡Sí, Hijo, el mundo mediterráneo no es tan malo cuando uno retrocede a los tiempos pelágicos y toma las razas grecorromanas! Después de todo, tengo cabello y ojos oscuros ahora, sin que importe cómo solía tenerlos, y es casi tan buen ser un cónsul romano sanguinario como un pirata nórdico. ¡Larga vida al Panteón! ¡Vivat M. Agrippa! Al ser romano, puedo demostrar que soy bastante lógicamente un buen abuelo para gente como mis pequeños muchachos Belnapius y Alfredus… ¡Todos latinos! Pero como latino clásico y antiguo, me gusta el queso, que era un elemento básico de la dieta grecorromana. Por lo tanto nuestras almas están separados por el abismo insuperable de las Edades Oscuras, oh Francesco Borgia, Príncipe de los Tiburones del Arsénico y los Sabuesos del Estilete. ¿Goya? Sí, muchacho, tengo que aprender sobre él. Sin duda él es cercano al horror que me complace, aunque hasta ahora el arte pictórico está más alejado que el arte literario de mis centros de conciencia. Por otra parte, no estoy seguro de hasta dónde me gusta el horror densamente subrayado de los maestros realmente decadentes. Soy alguien que no se siente muy estremecido por un cuarto de cadáveres o un cónclave de demonios visible, como lo soy por la sospecha de que existe una bóveda de cadáveres debajo de un castillo inmemorialmente antiguo, o de que cierto hombre muy anciano ha tomado parte en un cónclave demoníaco de hace cincuenta años. Anhelo lo etéreo, lo remoto, lo sombrío, y busco reinos nebulosos del espíritu como los que sólo un Machen o un Dunsany pueden evocar. Creo que Mortonius tiene razón cuando considera que no soy un auténtico decadente, porque mucho de lo que los decadentes aman me parece absurdo o sencillamente repugnante. Lo que soy, es alguien que odia la actualidad: un enemigo del tiempo y el espacio, de la ley y la necesidad. Ansío un mundo de misterio, esplendor y terror maravillosos y gigantescos, en el que no reine ninguna limitación salvo la de la imaginación sin cortapisas. La vida y la experiencia física, con el estrechamiento de la visión artística que crean en la mayoría, son los objetos de mi más profundo desdén. Es por este motivo que desprecio a los bohemios, que creen que es esencial para el arte vivir vidas salvajes. Mi odio no parte del punto de vista de la moralidad puritana, sino del de la independencia estética. Me sublevo ante la noción de que la vida física tiene algún valor o importancia. Para mí el artista ideal es un caballero que muestra su desdén por la vida continuando con los modos serenos de sus antepasados, dejando a su fantasía libre para explorar esferas refulgentes y asombrosas. Del mismo modo, haría que un autor ignore por entero su época y el público, creando arte no por la fama o por los demás, sino sólo para su propia satisfacción.
Adiós.
Theobaldus Senex


Carta de Lovecraft a Sonia Green.

Querida señora Green:
El amor recíproco de un hombre y una mujer es una experiencia de la imaginación que consiste en atribuir a su objeto cierta relación singular con la vida estética y emocional de quien lo experimenta, y depende de condiciones particulares que ese objeto ha de cumplir. (…) La adaptación y su perfecto entendimiento llegan tras largos años de amor alimentado lentamente; los recuerdos, los sueños, los delicados estímulos estéticos y las impresiones cotidianas de una belleza de ensueño se convierten en modificaciones permanentes gracias a la influencia que cada uno ejerce sobre el otro (…) Hay una considerable diferencia entre los sentimientos de la juventud y los de la madurez. Hacia los cuarenta años, o tal vez los cincuenta, empieza a operarse un cambio completo; el amor alcanza una profundidad tranquila y serena fundada en una afectuosa asociación, junto a la cual el entusiasmo erótico de la juventud cobra un cierto aspecto de mediocridad y envilecimiento. La juventud conlleva estímulos erógenos e imaginarios vinculados a los fenómenos táctiles de los cuerpos esbeltos en actitudes virginales y a la memoria visual de las formas estéticas clásicas, que simbolizan una especie de frescor y de inmadurez primaveral muy hermosas, pero que nada tienen que ver con el amor conyugal.


Querido Howie:
Un cambio le ha sobrevenido a mi esposo. Le gusta devorar manuscritos prohibidos, y seguido regresa a casa tarde, dando la excusa de que ha estado participando en orgías en un pantano cercano. ¿Así que, por qué nunca me invita?
Sulking

Querida Sulking:
He estado bajo un gran estrés nervioso desde que leí tus palabras, las cuales, siento, me llevaron al borde de un reino ultradimensional de indescriptible terror. Es un asombro que apenas puedo contestar en una carta. Dalgaar se me apareció en un sueño, rogándome que dejara de contestar correos, y esto sólo puede generar atención, pero estaba demasiado alterado para terminar su oración. Convéncete, si puedes, que los cefalópodos que venían detrás de él no eran más que fantasmagoría, que los hábitos disolutos de tu esposo son inofensivos, que el olvido eterno es a lo que más podemos temer, que las exageraciones en los Pergaminos Sarracenos no tienen fundamentos. ¡Deseo fervientemente poder ser yo mismo tan crédulo todavía! Si es que no es demasiado tarde, libera tu mente de toda especulación tenebrosa sobre correosas langostas sin rostro descendiendo por toboganes de ónix hacia altares. Dalgaard evidentemente no debió de haber pedido prestado de la librería La Crónica del Fango, una copia que seguramente ya está horriblemente vencida, ni debió haberse enseñado a cambiar de mente con las personas del hinojo, las que, insiste, tienen el abominable talento de forzar cambios demenciales sobre la estructura del tiempo-espacio.
Tu más sincero sirviente,
H. P. Lovecraft


Maestro:
Soy Xah’gnui, quien largamente ha incursionado en los canales de la literatura subterránea, conduciendo investigaciones prohibidas hacia lo desconocido, con una perspectiva de revivir lagartijas nigromantes silenciosas por leones interplanetarios. ¿Por qué es tan difícil para mí conseguir una cita?

Viajero Asombrado:
¡Por Dios que no hubiera abierto tu abominable carta ni ninguna otra! Estoy sentado en el sofá desvariando, luchando por exprimir de mi conciencia la intrusión de tu perversidad, lo más terrible del caso es que está escrito con mi propia letra. Y si eso no fuera suficiente, la pestilencia ácida de tu letra se asemeja a esa cosa –si es que es una cosa—que ahora babea espasmódicamente contra mi ventana. Ayer atisbe apenas su sombra necrófaga, y sus contornos son tan terribles como su bajo sonido silbante, el licor que exuda, y sus interminables castañeteos contra la manija de la puerta. Su silueta recuerda un ramo de brócoli gigante, con bizarros apéndices que no son ni bocas ni talones, y pese a estar poco equipado para la tarea, me ha estado enviando a un ritmo alienígena algún tipo de mensaje. ¡A través de un vacío de ultramundo ha estado intentando tomar control de mi mente! Aún ahora los escucho tropezando golosamente con el buzón. Mi único consuelo es que ya haya devorado al Cartero Rural, para que no tenga que anticipar la llegada de esta vil y maldita correspondencia.
Suyo,
H.P. Lovecraft


En una carta para Reinhart Kleiner el 6 de Diciembre de 1915.

Querido Kleiner:
Y cuanto más estudio la cuestión, más me convenzo de que la raza superior es la Teutona. Observa las condiciones de las Islas Británicas. Los ingleses son totalmente Teutónicos, o sea, dominantes. Los Escoceses del Sur y los Irlandeses del Este son también de esa sangre—ciertamente sobrepasan a sus compatriotas al norte y al oeste. Los Galeses, que no tienen sangre Teutónica, son de poca importancia. Si no hubiese sido por la infusión de sangre Teutónica al principio de las Eras Oscuras, la Europa del Sur se habría perdido. ¿Quiénes fueron aquellos antiguos reyes y héroes “Franceses” que fundaron la civilización Francesa? ¡Teutones, sin duda alguna!…¿Quienes fueron los Normandos? Teutones del Norte. Me apena escuchar a los apóstoles de la igualdad asegurar que otras razas pueden igualar la mejor de todas—esos sucesores de la raza Romana en poder y virilidad. Como supones, soy un devoto del cine, ya que puedo ir en cualquier momento, mientras mi mala salud raramente me permite planificar o comprar entradas por adelantado para los espectáculos teatrales. Algunos filmes modernos valen realmente la pena, aunque cuando empecé a conocer el cine pensaba que su único valor era para matar el tiempo. Chaplin es increíblemente divertido—demasiado bueno para las vulgares películas en las que suele aparecer—Y espero que en el futuro sea exponente de una comedia más refinada. Vi el film Trylby, pero me pareció incompleto, ya que había visto la obra de teatro, y concedía gran importancia a la profunda y oscuramente insinuante voz de Svengali. Siempre hubiese querido ser capaz de dibujar, pero no tengo talento, y en mis dibujos no se puede diferenciar entre una vaca y una locomotora. Pero, animado por tu ejemplo, he estado probando mi mano y pluma con el fin de representarme a mi mismo como me gustaría ser—un poeta de hace dos siglos, con peluca y todo. Como habrás notado, he adoptado el antiguo estilo del frontispicio, con pequeños Pegasos bajo mi rostro, y Apolo, Pan y el escudo de mi familia por encima. ¿Cómo quedaría en la primera página de un libro de versos heroicos? Creo que me sentiría realmente bien en ese papel, ya que mi espíritu parece estar viviendo en 1715 más que en 1915…el hecho es que nací 200 años tarde…
Con mis mejores deseos, quedo
Su más fiel y humilde servidor,
H. P. Lovecraft


En una carta a J. Vernon Shea de el 1 de Agosto de 1933.

Estimado Jehvish-Ei:
Lo que comentas acerca del trasfondo en To Love a Faun es enormemente interesante—el bueno de Bonner debe ser un personaje más bien patético. Ciertamente, su caso sería terreno abonado para un tratamiento literario serio. Creo que es cierto que la homosexualidad no es un tema frecuente en las novelas-en parte porque la opinión pública raramente ha prestado atención al tema (excepto brevemente durante la época de Wilde) hasta hace una década y en parte porque cualquier utilización del tema corre el peligro de ser censurada por la ley. De hecho-y aunque siempre he sabido que la repugnante pederastia era una de las aficiones de muchas naciones antiguas- nunca oí hablar de la homosexualidad como instinto natural hasta que pasaba de los treinta años… ¡Lo que supera tu propio record! Creo que es posible que esta perversión se dé más frecuentemente en ciertos periodos, obedeciendo a oscuros motivos biológicos y psicológicos. Las épocas decadentes-cuando la psique es más inestable- parecen favorecerla. Por supuesto –la antigüedad clásica, con su extendida práctica de la pederastia (como uso que era aceptado ciegamente y no obedecía a ningún tipo de inclinación especial), no puede ser tomada como ejemplo de perversión psicológica. Otra cosa—muchos contemporáneos pasan por alto el hecho de que hay distintos tipos de afeminado que no son necesariamente homosexuales. No se como los cataloga la psicología moderna, pero todos conocemos ese ejemplar de sarasa que juega con las niñas y que –al crecer—se convierte en un debilucho crónico, siempre alrededor de las chicas, amante de los bailes, con ciertos manierismos, entonaciones y gustos femeninos, y aún así sin rastro alguno de perversión en sus inclinaciones eróticas. Todos sus impulsos románticos y sexuales van en la dirección correcta—las mujeres—y aun así sigue intentando emular la personalidad de las mujeres que admira. Es un buen marido y padre y parece aborrecer a los hombres—jamás acude a las actividades masculinas típicas y no parece comprender las reacciones masculinas en general. Es curioso que este tipo de sarasa parezca olvidado entre esta moderna ola de interés en la homosexualidad. He conocido a muchos en mi vida—y resultaría absurdo (a la vista de su interés por las chicas y ausencia total de amistades masculinas) asumir que la base de su peculiaridad es sexual. Estas personas difícilmente representan un problema real, aunque sean ridículos y repelentes en diversos grados. En mi juventud eran frecuentemente caricaturizados en los teatros; su representación era (debido a un desconocimiento generalizado acerca de la existencia de la homosexualidad) muy inocente, en una vena “humorística limpia”. Pobres diablos—la ola de sofisticación moderna debe ser tremendamente dura para ellos, ya que todo el mundo debe sospechar de ellos que son pervertidos sexuales. Tu Bonner posiblemente pertenecerá a este tipo inofensivo. Existen también, muchas mujeres cuyas maneras y apariencia masculinas no se deben a la homosexualidad. En cuanto al guapo Adolf—al decir que es sincero y que hay cierta base en algunas fases de la actitud que representa, no quería sugerir que su programa no sea extremista, grotesco y ocasionalmente bárbaro. Su intento de prohibir cualquier literatura que no le guste es, por supuesto, esencialmente incivilizado—mientras que sus teorías etnológicas (diferenciadas de cualquier defensa de una cultura puramente Aria) son contrarias a las más maduras creencias de la ciencia. Dudo que sea judío—ya que ese tipo de historia sigue un patrón familiar en el folclore. Sería demasiado perfectamente dramático que perteneciese al grupo al que se opone.
Su siempre humilde servidor
E'ch-Pi-El

Si no se indica lo contrario, el contenido de esta página se ofrece bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License