Un hombre olvidado busca desesperadamente a su amada, Aquella que nunca olvida, contando en su travesía, con la ayuda de un Sol Sonriente. Sin embargo, sobre sus cabezas pende una amenaza: aquel conocido como «el Terrible» ha puesto un atractivo precio por sus vidas. Sangre y odio han marcado las últimas horas; pero ahora, el Olvidado, dormido sobre la espalda del Sol Sonriente, viaja en sueños hacia el encuentro con su amada.
* * *
Una cascada tranquila, azulina y limpia, casi como un espejo. Tolker y Renalcia habían encontrado en ella un lugar donde descansar sin temor de ser atacados por nada ni por nadie.
—Este sería un buen lugar para relajarse —dijo Renalcia, quitándose sus guantes de metal.
Tolker, el Olvidado, se quitó el casco y los guanteletes de acero que portaba, procediendo a agacharse junto al agua de la cascada, tomando hasta saciar su sed. Renalcia, Aquella que no olvida, hizo lo mismo, pero con mayor tranquilidad.
—Hacía semanas que no sentía un agua tan limpia pasar por mi garganta —dijo el Olvidado.
Renalcia dirigió su mirada al agua, notando un leve, pero constante movimiento en ella.
—Estoy segura que aquí tiene que haber peces —afirmó con determinación—. Tolker, pásame mi espada.
—Con gusto.
Tolker sujetó la espada por la hoja para ofrecerle el mango a Renalcia. Ella permaneció inmóvil, aguzando los sentidos. De repente, algo captó su mirada.
Con un movimiento preciso, hundió su espada en el agua, atravesando una forma esquiva que se deslizaba ágilmente bajo el agua. La sangre de aquella presencia manchó el agua.
Pero en unos simples segundos, aquello que simplemente era una mancha pequeña, se expandió rápidamente, convirtiéndose en una gran laguna roja, de la cual salían otros peces ya muertos. Y, de entre las aguas turbias, una figura colosal y oscura emergió con un salto. Su silueta era inestable, cambiando a cada instante: primero pareció un enorme pez negro nunca visto antes, pero en un parpadeo tomó la forma de un hombre alto, cubierto por una armadura maciza que parecía absorber la luz a su alrededor. Antes de que Renalcia pudiera reaccionar, el desconocido atrapó su brazo y lo torció, casi rompiéndolo en el proceso.
—¡Tolker! —gritó ella, su voz quebrando el aire.
El Olvidado, al ver a su amada en peligro, saltó blandiendo su espada contra aquel hombre. Sin embargo, el atacante fue más rápido, dándole un puñetazo en la cara a Tolker antes de que pudiera alcanzarlo, haciéndolo volar contra un tronco, haciendo que se golpee contra él. Aturdido y magullado, tan solo pudo mirar con impotencia cómo el suelo parecía engullir a Renalcia, arrastrada por su captor.
—¡¡¡Tolker!!! —gritó con desesperación Aquella que no olvida.
El Olvidado corrió en su ayuda, pero fue tarde. Renalcia había desaparecido sin dejar rastro alguno. El hombre vuelve a hacer acto de presencia, dándole un mensaje a Tolker.
—Ella servirá de mucho en las filas de Ulskars, y tú, hombre olvidado, no eres nadie para impedirlo.
Tras su declaración, desenvainó un sable imponente, dispuesto a acabar con él. Tolker se preparó para contraatacar. El hombre alza su espada y ataca a Tolker, pero este esquiva el ataque rodando a la izquierda, para luego tomar su espada y su escudo, y cuando ya estaba preparado, da un salto hacia el hombre con una rabia incontenible, atacando con su espada. Sin embargo, al asestar su golpe, su filo no encontró carne ni hueso, sino algo distinto… un tejido grueso y opresivo, similar a la tela. En un instante, la resistencia cede y Tolker se desploma, sin comprender qué ha sucedido ni dónde se encuentra, sintiendo que su cuerpo se estaba humedeciendo por el agua del lugar.
—¿Sucede algo, hermano? —pregunta Alkar, el Sol Sonriente, mirando con confusión a su pequeño acompañante.
—¿¡Qué hiciste!? —replica Tolker, mirando con rabia al gigante.
Alkar sonré con calma.
—Te puse en un saco de dormir y te cargué sobre mi espalda. Avanzamos un poco y acabamos llegando a este pantano, pero ten cuidado, pues vamos al lugar donde reside Ulskars.
Tolker sacude la cabeza con disgusto y, al hacerlo, dándose cuenta de por medio que no tiene puesto su casco. Mira enfadado a Alkar, quien levanta al Olvidado para poder darle su casco, hasta que escuchan un sonido métalico, el cual parecía cortar el aire. El Olvidado alza su escudo justo a tiempo para detener el proyectil que buscaba su vida: una lanza de metal, unida a una larga cadena soldada en la base del mango. Al percatarse de la amenaza, Tolker responde con furia, lanzando su espada hacia el lugar donde debe ocultarse su atacante. Sin embargo, este se mueve con rapidez, esquivando el filo y levantando una imponente ballesta, la misma arma que había disparado aquella lanza encadenada.
Alkar corre directamente hacia aquel atacante y, dando un salto gigantesco, aterriza cerca de él, haciendo que el suelo temblase en casi todo el lugar y alterando a varios seres que estaban presentes en la zona. El Sol Sonriente aprovecha la oportunidad para observar detenidamente a su atacante. Se trata de una mujer, ataviada con una vieja pechera dorada y unas pesadas grebas acorazadas. Esto contrasta notablemente con el hecho de que su cintura tiene por única protección un ligero taparrabos. Por otro lado, sus brazos están adornados con brazaletes rojos, y su rostro permanece oculto tras un yelmo que tan solo deja a la vista su boca y parte de la mandíbula, el cual tenía unos cuarnos finos pero largos.
—¿Quién eres y qué quieres de nosotros? —pregunta Alkar.
La mujer toma un cuchillo y se reincorpora rápidamente, vigilando que nadie se acerque a ella por la espalda.
—Espera un momento… tú no eres como él —dice la mujer, antes de dar un salto de manera rápida hacia su izquierda, esquivando el golpe que Tolker intentaba propinarle con el escudo— ¡Oye! ¡Cálmate! No voy a intentar nada raro, ya he visto que no son aquel a quien busco.
La mujer retrocede lentamente, esperando a que el Olvidado se relaje y deje de intentar atacarla. Viendo que ella guarda su arma, Tolker decide calmarse y decide ir a recuperar su espada, para luego volver junto al Sol Sonriente.
—Volveré a preguntar ahora que estamos más tranquilos —dice Alkar, dirigiéndose a la desconocida—: ¿Quién eres y qué estás buscando?
La mujer duda antes de dar una respuesta.
—Mi nombre es Silxirr. Silxirr, la Lámpara Trampera. Mi objetivo es cazar a un demonio peligroso.
—¿Qué clase de demonio? —pregunta Alkar.
—Es un ser poco conocido y las veces en las que fue visto son pocas, tanto por estos lares como por muchos otros —explica ella—. Se trata de un demonio sansón de cola negra, un ser capaz de alterar no solo su cuerpo, sino también todo lo que lo rodea. Teniendo en cuenta las cosas que llegan a hacer esas criaturas, es muy peligrosa y se debe matar lo más antes posible. Una de esas cosas mora este pantano, y ya se llevó más de alguna vida humana.
—Entiendo, pero, ¿Cómo podremos saber que está cerca? —Insiste el Sol Sonriente.
—Cualquier cosa extraña que suceda a nuestro alrededor puede indicar que está cerca. Eso es todo. No he podido identificar un modus operandi concreto.
La Lámpara Trampera mira a su alrededor, inquieta por la probabilidad de que el demonio esté cerca. Sin embargo, Tolker resta importancia a sus preocupaciones y sigue adelante, ignorando la mirada decepcionada de Alkar encima suyo. Es entonces cuando nota un leve desnivel en el suelo. El Olvidado mira hacia abajo, descubriendo una pequeña estructura cuadrada, la cual sobresalía del suelo de una forma antinatural. Tolker da unos pocos pasos hacía atrás, tratando de examinarlo con más atención. La forma termina de emerger, revelándose como un pilar de mármol, con colores grises oscuros. De una de sus esquinas se abre un portal y, de su interior, surge un brazo inhumano que, con violencia, atrapa a Tolker por el cuello y lo estrella contra el poste, haciendo gala de una fuerza descomunal.
Silxirr al presenciar aquello corre hacia aquel lugar, levantando a Tolker y apuntando con su gran ballesta a todos lados, en busca de su enemigo.
—¡Está aquí! —exclama la Lámpara Trampera.
Viendo esta situación, Alkar se acerca con cuidado, hasta que siente que el piso está subiendo, lo cual no le da tiempo a reaccionar a lo que iba a suceder. De golpe, un pilar aún más grande que el anterior, mandando al gigante a volar El Olvidado y la Lámpara Trampera observaban la escena cuando, de repente, otro pilar emerge del suelo. Este también abre un portal, pero ahora deja ver lo que parece una figura humana, aunque distorsionada de una forma inconcebible. Parece un hombre demacrado, con las costillas y los órganos expuestos al aire. Sus brazos, grotescamente alargados, terminan en filos a la altura de los codos, y sus piernas, largas y esqueléticas, sostienen unos pies descalzos con garras afiladas en lugar de uñas.
De su cintura se extiende una cola de tamaño descomunal, comparable a la altura de un hombre; y su cabello, tan largo que llegaba hasta las rodillas, oculta parcialmente su rostro. Bajo esa cortina de pelo, su piel putrefacta deja ver una sonrisa antinatural, abierta de oreja a oreja, y unos ojos de mirada tan penetrante que parecen perforar el alma.
Al ver aquella aberración, a la que identificó como el demonio sansón, Silxirr procede a apuntar con su ballesta y disparar, alcanzando el cuello de la criatura. Sin embargo, la criatura se limita a tomar la lanza y a sacarla de su cuello, quitándola como si apenas fuese una simple astilla.
—¿Después de tantas veces que lo hiciste, sigues intentándolo? Necia —dice el demonio, disparando con fuerza la lanza hacía Tolker.
Tras bloquear rápidamente con su escudo, el Olvidado se abalanza contra el demonio sansón, intentando cortarlo con su espada, pero un pilar sale del suelo y le golpea en su estómago, frustrando su ataque y dejándolo a merced de su enemigo, que lo arroja contra la Lámpara Trampera de un solo puñetazo. Silxirr esquiva a Tolker, para luego dar unos cuantos saltos hacía atrás mientras recarga su ballesta.
—Puede que en tus pensamientos pudieses herirme con esa ridiculez, pero recuerda que no estamos en ellos. —se burla la aberración.
Una estructura emerge de un árbol, golpeando el costado de Silxirr y dando tiempo a que el demonio entre en un portal. Desde la misma barra que golpeó a la Lámpara Trampera, un brazo demoníaco la atrapa de su cabeza y la estrella contra el metal. El demonio reaparece, listo para pisar su cráneo, pero Tolker salta sobre él, aferrándose a su espalda y golpeando con su escudo el cuello de aquel ser. La criatura intenta sacudírselo, pero Tolker resiste, aumentando la intensidad de sus golpes.
Un pilar emerge de otro árbol, golpeando a Tolker en la espalda. Sin embargo, incapaz de apartarse a tiempo, el demonio se ve alcanzado por su propio ataque, perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo. Antes de que pueda levantarse, una luz amarilla desciende desde el cielo: es Alkar, que aterriza con tal violencia que hace temblar el pantano entero, ahuyentando a las criaturas cercanas. Sin darle respiro, Alkar pisa varias veces al demonio, antes de propinarle una brutal patada que lo propulsa hacia la distancia, llevándose por delante varios troncos.
Cuando Alkar avanza para rematarlo, un poste brota del suelo junto con un portal, del que emergen unas manos putrefactas que lo atrapan y arrastran. Silxirr intenta reaccionar, pero otro pilar hace lo mismo con ella. Tolker, al ver esto, esquiva un tercer pilar con un salto atrás y rueda por el suelo para evitar las barras que emergen de los árboles. Pero el demonio aparece de un pilar, lo atrapa y lo estrella contra otra estructura antes de arrojarlo contra una barra que le impacta en la pelvis.
Dolorido, Tolker apenas se pone en pie cuando el demonio se abalanza contra él. Un portal se abre en la barra, absorbiéndolos a ambos y lanzándolos en un abismo oscuro y misterioso, en el que tan solo se observan unas misteriosas torres que parecen desdibujarse en la lejanía. Tolker reacciona a tiempo, golpeando a la criatura con su escudo y se zafa, logrando amortiguar la caída con esfuerzo. Al incorporarse, esquiva un pilar que lo intentaba golpear en el costado y otro que surge del suelo. Cuando una barra iba a golpear al Olvidado en la cabeza, Alkar y Silxirr aparecen, dándole la oportunidad al Sol Sonriente de golpear con mucha fuerza aquella estructura, quebrándola en miles de pedazos.
Los pilares ahora forman un círculo, creando innumerables portales de los que emergen unas manos amorfas que solo buscan despedazarlos. Entre golpes y esquivas, las extremidades demoníacas son cortadas y destrozadas. Tolker
atrapa una de ellas y, con todas sus fuerzas, tira de ellas hasta sacar al demonio de su escondite, teniendo una desagradable sorpresa.
Su apariencia es ahora aún más abominable: una boca repleta de miles de dientes se extiende desde su ombligo hasta uno de sus múltiples rostros, cubiertos por cientos de ojos de distintos tamaños y formas. Sus costados se han vuelto una maraña incognoscible, dominada por más de treinta brazos que se retuercen como serpientes.
Silxirr dispara su arpón a una de las cabezas de atrayéndolo hacia ella. El demonio se libra, y trata de abalanzarse sobre la Lámpara Trampera, pero de inmediato es interceptado por Alkar, que de un simple golpe lo manda a volar contra sus propios postes, destruyéndolos en el proceso.
El Sol Sonriente trata de continuar con su ataque, pero el demonio reacciona a tiempo, sirviéndose de uno de sus pilares para empujar a Alkar directamente hacia el otro lado de un portal, sacándolo de aquella dimensión abisal y devolviéndolo a la ciénaga en que se encontraban momentos antes. Dándose cuenta del ardid, el gigante trata de regresar, pero, para su frustración, aquel umbral mágico desaparece antes de que pueda volver a entrar. El Olvidado y la Lámpara Trampera observan esto con terror, dándose cuenta de que el demonio ha conseguido separarlos de su principal defensor.
—Bien, tenemos las condiciones perfectas para que el juego sea divertido.
Los dos guerreros se colocan de espaldas entre ellos, cuidándose, mirando a todos lados, tratando de asegurarse de que la criatura no pueda atacarlos por sorpresa. La Lámpara Trampera se separa un poco del Olvidado para guardar su ballesta, y, tomando dos objetos que llevaba con ella, empieza a hacer algo con ellos. Un sonido se escucha en la inmensa y horripilante oscuridad, similar al rugido de la más feroz de las bestias. Tolker se da la vuelta, buscando la procedencia del estruendo, adoptando una posición de combate, mientras Silxirr sigue intentando hacer algo. La oscuridad empieza a desvanecerse, revelando la horripilante forma que ha tomado el demonio.
Una aberración gigantesca, formada por miles de brazos retorcidos que simulaban patas, con cientos de bocas esparcidas por su abominable cuerpo y dos ojos similares a los de un caracol, la cual avanzaba poco a poco. Es entonces cuando Silxirr revela lo que ha estado haciendo: con un pequeño mechero, ha conseguido encender una lámpara, cuyo resplandor cegador parece abrasar la piel del demonio. Mientras la aberración se retuerce de dolor, Silxirr recita una plegaria en voz alta.
—¡Oh, Dios de las Lámparas, se nuestro guía en los caminos oscuros, nuestros ojos que luchan contra la oscuridad, nuestra lámpara en medio del abismo! ¡Oh, Dios de las Lámparas, dame la fuerza para poder purgar a esta criatura impura y enfermiza, para que su terror deje de esparcirse por estas y por todas las tierras! ¡Oh, Dios de las Lámparas, alabado seas tú y tu gloriosa luz!
El demonio retrocede lentamente, mientras su piel se derritia lentamente bajo la luz que irradiaba la lámpara de Silxirr. Finalmente, los ojos del monstruo, hinchados y enrojecidos, acaban explotando, quedando el ser privado de la vista. Silxirr al notar esto, apaga su lámpara y da la oportunidad a Tolker de que se dirija hacia la criatura y le corte varias de sus extremidades. Por su parte, la Lámpara Trampera apunta a la cabeza, disparando su lanza e hiriendo al demonio de gravedad. Ya parece que el combate está ganado, pero un grito aterrador hiela la sangre de los guerreros. El monstruo comienza a moverse de forma errática y, antes de que se den cuenta de lo que está sucediendo, un pilar aparece atrás de ellos, junto con uno de esos tantos portales que aparecían en las esquinas, succionando a Tolker y a Sixirr. El abismo oscuro y aquellas distantes torres desaparecen tras el umbral, dando paso nuevamente al familiar paisaje del pantano. El demonio sansón los ha expulsado de su aterradora dimensión, aunque algo les dice que la lucha no ha terminado.
Al ver a sus camaradas emerger del portal, Alkar se reagrupa con ellos y se pone en guardia, esperando que el demonio reaparezca en cualquier momento para acabar con él. Pronto, su intuición prueba ser acertada: la criatura emerge nuevamente, regenerada al completo, y adoptando su concepción inicial. Lleva una cimitarra en mano, lista para segar las vidas de sus enemigos. Sin embargo, su ataque se interrumpe de forma inesperada: una voz procedente de algún lugar a sus espaldas parece llenar el aire. Es, una voz tranquila, suave, casi andrógina, pero cargada de un horror inefable e incomprensible.
—Trone, ¿De nuevo malgastas tu preciado tiempo matando personas al azar y peleando contra una Lámpara Trampera? Eres una decepción.
Detrás del demonio se ha formado una figura de gran estatura, de rostro cuyo rostro, aunque de facciones elegantes y delicadas, está marcado por el vil beso de la podredumbre.
—Mi señor Ulskars, estaba quitando de en medio a… ciertos enemigos Estos tres me parecieron peligrosos.
Ulskars arquea su deteriorada ceja.
—Interesante, yo lo único que veo es a un tipo vulgar y corriente, a una insignificante Lámpara Trampera y… —Ulskars pierde su sonrisa levemente al cruzar la mirada con Alkar.
La presencia del gigante parece despertar una aversión sin igual en Ulskars, que se prepara instintivamente para el combate. La tensión se vuelve tan densa que casi parece que, en cualquier momento, todo fuese a estallar.
—Tú… Eres Ulskars —interviene Tolker— ¡Tú me devolverás a mi amada, ¡¡¡Lo quieras o no!!!
El Olvidado se abalanza sobre el Terrible con una furia atroz. Todo pasa muy rápido. Un golpe, sangre. Todo da vueltas. Tolker sacude su cabeza y se prepara para volver al ataque, pero entonces se da cuenta de que se encuentra en brazos de Alkar, que lo sujeta con firmeza.
—Dame un momento, quiero intentar adivinar, denme un rato. ¿Es Mirka? ¿Treilai? ¿Quizás Qurico?… ¡Tantos nombres! Creo que no podría saber quién sería —Se mofa Ulskars—. No importa seguramente no es nadie importante. Aunque, viendo que te comportas como un animal, supongo que eres el amado de esa tal… Renalcia. Ustedes son igual de idiotas, salvajes e irracionales. Tal vez te podría reunir con ella, pero creo que no ganaría nada con ello, no me eres útil. De hecho, creo que serías una molestia. Una patética y desagradable molestia.
Tolker intenta soltarse de Alkar, pero este lo mantiene a raya para que no vuelva a lanzarse imprudentemente contra su enemigo. Ulskars mira a Trone, el demonio sansón, para luego hacerle una señal. Este se limita a asentir, comprendiendo los deseos de su señor. Conjurando un portal, las dos figuras tenebrosas abandonan la escena. El Sol Sonriente suelta al Olvidado, y este reacciona dándole una patada en el pie a su compañero, lleno de rabia.
—¡Lo tenías en el punto de mira! —ruge Tolker— ¡Lo tenías, y lo dejaste escapar! ¡¿No intentabas ayudarme?! ¡Lo tenías a tiro, imbécil, tendrías que haberlo matado!
—No podía arriesgarme a pelear contra él, hermano —contesta Alkar—. Probablemente tendría a alguien más cubriéndole las espaldas.
Apretando sus puños, Tolker grita de manera enfadada, yendo con el árbol más cercano, para luego golpearlo con su escudo. Lo golpea con rabia, con insistencia, hasta que el tronco parece comenzar a ceder. Al presenciar esto, Silxirr, que había estado guardando silencio, decide soltar unas palabras.
—He visto lo que pasó, así que pienso ayudarles a derrotar a ese tal Ulskars. Matamos al demonio Sansón y, ya de estar, también acabamos con ese bastardo. ¿Qué os parece?
Alkar sonríe, sabiendo que ha encontrado un nuevo aliado en su camino. Sin embargo, el Olvidado no comparte su entusiasmo y, sin perder tiempo, busca un camino por el que salir de aquel lugar. Silxirr, al notar su urgencia, se acerca y le posa una mano en el hombro.
—Por mucho que estés enfadado, esa no es razón para abandonar a los demás, ¿sabes? Si lo que quieres es luchar solo, sin duda acabarás muerto, ¿es eso lo que quieres? ¿No te parece más conveniente que vayamos juntos, como un equipo?
Tolker guarda silencio. Su casco oculta cualquier emoción con la poca iluminación que tiene en sus ranuras, pero en lugar de apartarse, se acerca más a Alkar. La Lámpara Trampera y el Sol Sonriente comprenden el mensaje sin necesidad de palabras y, con un mismo propósito en mente, avanzan juntos. Su objetivo es claro: acabar con Ulskars.