Los Papeles del Difunto Senor Crawford

SALISBURY CHRONICLE, 25 de Septiembre.
TEMBLORES EN LAS MONTAÑAS PINEWOOD.

Después de todo lo recopilado en nuestra redacción, podemos concluir, al respecto de los incidentes de estas últimas noches, que los indios se han mostrado un poco más díscolos que de costumbre. A pesar de las muchas millas de distancia, los temblores y el alboroto de los perros interrumpieron el sueño de los vecinos de los barrios al norte y noroeste de la ciudad esta noche y la precedente. No descartamos que se repitan de nuevo esta madrugada.

Solo los más viejos del lugar recordaban este fenómeno, y seguro que ahora miran con sorna a los jovencitos escépticos. Los tambores de piedra de los ojún se han dejado oír, si damos crédito a esos vetustos rumores heredados de padres a hijos, llamando a sus dioses demoníacos que caen de las nubes de tormenta.

El terreno escarpado hasta niveles demenciales aleja a los geólogos, de todos modos, poco interesados en trabajos de campo a desarrollar en regiones remotas, incomunicadas y abundantes en lugareños hostiles, pero concuerdan en la singularidad del evento. No hay fallas, ni elementos o composiciones rocosas que justifiquen los sismos, y la mayoría creen que probablemente se deban a derrumbes y colapsos ocasionales en sistemas de cuevas, existentes en el interior de esas montañas a desmano.

Nosotros, como los geólogos, preferimos mantenernos igualmente al margen, esperando que nuestros apreciados lectores comprendan que, por una vez, ignoremos las fuentes primarias. De sobra es conocida la cerrazón de los ojún con los extraños, y su desconfianza hacia los rostros pálidos.

El tiempo gris y borrascoso parece querer añadir veracidad a la leyenda, y, aunque parezca sorprendente, algunos ciudadanos de nervios sensibles se han mostrado intranquilos, y unos en la vigilia y otros en sueños, han asegurado haber visto en dirección a las montañas, flotando, retorciéndose, en los nublados cielos nocturnos, formas insólitas que preferirían no haber observado. Esta mañana ha habido más pasajeros de lo acostumbrado en la estación, con billetes para el balneario de Crystal Falls, ese pacífico y bucólico centro de descanso para cuerpos enfermos y almas debilitadas.

Cruzaremos los dedos para que nuestros pintorescos vecinos pieles rojas desistan de intentar resucitar desagradables costumbres de antaño, y regresen al camino de la civilización y el progreso.

* * *

Para J. J. Crawford,
Church Street, nº 12, Arkham, MA
20 de Junio

Querido James

Te escribo para hacerte partícipe, en estimación a nuestra amistad, de mi paradero e intenciones este verano. Como bien suponías, no lo dedicaré a vacacionar. Tengo que encontrar a Thomas. Es demasiado tiempo sin recibir noticias. Tal vez lo encuentre totalmente integrado en la comunidad indígena motivo de estudio, pintarrajeado y cohabitando con una beldad india, pero al menos sabremos lo que ha pasado durante un silencio tan prolongado.

Ahora que el paisaje es tan diferente, y me acerco a esas montañas, comprendo la fascinación que pareció apoderarse de él en cuanto supo de su existencia. Ya sabes a lo que me refiero. Los tres somos nativos de un lugar bastante extraño de Massachussetts, como es toda la región de Arkham a Aylesbury, y la costa de Kingsport hasta Newburyport no se queda atrás. Hemos visto ejemplares de montañeses y pescadores, bastante alarmantes. En sus cartas, Thomas me contó que los ojún de las montañas Pinewood, prácticamente al otro lado del país, eran muy similares. En unas horas, al bajar en la estación, lo comprobaré. La ciudad, lo único no natural en cientos de millas a la redonda además de la vía férrea, se llama Salisbury, y las montañas se acercan a ella por el norte y noroeste.

He estado leyendo todo lo recopilado por él, y te lo enviaré junto con esta carta. Estudia todo lo que hay en estas tres carpetas marrones, te sorprenderá. Creo que es la prueba tangible de que nuestra teoría es correcta. Ese culto salvaje y arcaico a entidades ultraterrenas se esparce por el mundo, concretándose en ciertos puntos donde los tropos se repiten: aislamiento, endogamia, montañas, túmulos, cantos y ceremonias rituales en noches concretas, fenómenos naturales anómalos… no, no es Dunwich, es Pinewood Town.

En cuanto me reúna con Thomas, organizaremos un nuevo viaje para buscar el origen de todo esto. Es absurdo seguir negando la evidencia. Tienes que pensar una excusa para conseguir financiación de la universidad. De los tres, tu eres el profesor con mejor reputación. Si falla, siempre puedes recurrir a tu encopetado tío Al. Digas lo que digas, eres su ojito derecho. El rey de los ratones de biblioteca y su príncipe heredero. Sueño con el día en que heredes su puesto y podamos recorrer sin trabas el archivo y la hemeroteca. Pondremos en orden todo lo que esconde ahí la universidad de Miskatonic y pondría la mano en el fuego porque nos dará la razón punto por punto. Como dices, en todo su grotesco esplendor.

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Para J. J. Crawford.
Church Streett, nº 12, Arkham, MA
25 de Junio

Querido James

Pasé la primera noche en el hotel de la estación. Por la mañana, pregunté por pequeños puntos de luz que vi desde la ventana, parpadeando en las laderas. Me respondieron que eran hogueras indias, que los ojún celebran así el solsticio de verano. El viejo profesor Armitage no pudo evitar contar algunas cosas a su buen amigo Al y tu eres muy bueno sonsacando información a tu tío. ¿Recuerdas nuestra excursión estival a las montañas de Aylesbury hace tres años? Aunque ocultado desde el 29 después de todo lo ocurrido, encontramos el camino a Dunwich ¿Por qué lo tuvisteis que estropear tu y Thomas con vuestros nervios? Yo me habría adentrado más en el poblacho, pero como insistíais en dar media vuelta… ja. Sí, el ritual de los solsticios y ese aspecto apagado y degenerado tan repulsivo de los aldeanos se repite aquí.

Tampoco he visto muchos. Me evitan. Alquilé un taxi hasta Pinewood Town. La carretera no es mala, pero a los diez minutos se toma un desvío que lleva directamente al pueblo, que es un verdadero camino de cabras. Sí, lo mismo que en nuestro valle alto del Miskatonic. Cómo se quejaba el taxista, del estado de la vía y más veladamente, de tener que acercarse por allí. Dijo que no le gustaban los nativos, que habían atacado su granja y a su abuelo le habían cortado la cabellera. Un hecho anterior a su nacimiento. Le dije que los tiempos habían cambiado, me contestó que no para estos.

En la casa de correos y colmado tienen un par de habitaciones para huéspedes. En el hotel de Salisbury me informaron que Thomas no se había alojado allí. Aquí en Pinewood Town, las caras de susto del patrón y su mujer al verme, me indicaron que lo habían visto ya antes de que me lo confirmaran de viva voz. Una vez repuestos, me dieron el mismo cuarto que a él y me contaron que se había marchado hacía menos de una semana.

No podría decirte si su actitud es amable u hostil, porque en cuanto salgo a tomar el aire los pocos transeúntes a la vista huyen de mí como de un leproso, despareciendo en la oscuridad de callejones y porches. A veces, oigo el portazo. Van a tener que acostumbrarse a mi presencia lo quieran o no.

Supongo que Thomas está de regreso, así que avísame en cuanto le veas. Como comprobarás, son dos las carpetas que contienen el paquete que vas a recibir. No es un error. La tercera, con sus anotaciones más recientes, la conservo conmigo. Voy a seguir su trabajo donde lo dejó. Siempre habéis sido unos flojos. Te oigo (y tu un terco).

Thomas está convencido de que en estas montañas hay otro portal de entrada para las entidades ultraterrenas ya conocidas por nosotros. Por estos lares, Yog-Sothoth es llamado algo así como «Yoguesoté». Un niñito que parece desconocer la norma de no hablar con extraños, del que me hice amigo ayer, cuando en mi paseo me encontré con la escuela local, gracias a mi estilográfica de nácar tallado y la promesa de una igual, dijo que las hogueras encendidas estos días atrás son para agradar a Yoguesoté.

Seguro que Thomas se dio por vencido en su búsqueda. En sus notas habla de una cueva, no de túmulos. Esta zona es muy agreste y escarpada, así que no le voy a negar la mayor. No sé cómo podré conseguir un guía o algo de información sobre el terreno. Las montañas de Aylesbury nos resultan familiares, pero esto es terra incógnita.

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Para J. J. Crawford,
Church Street, nº 12, Arkham, MA
4 de Julio

Querido James

He recibido tu carta hace un rato. Gracias por la copia del mapa de las montañas Pinewood. Es antiguo, pero no creo que los accidentes geográficos se hallan movido mucho desde la década de 1890. Estoy seguro de que Thomas tendría una también, pero no estaba en las carpetas.

El niño tiene una hermana. Tal vez porque no se apartó de mí ni me miró con pánico, me puse a espiar al pequeño y descubrí que ha montado un escondite, el «fuerte», en una arboleda que ocupa una barranca de las afueras. Allí me presenté, para regalarle la estilográfica. Hubo que resignarse, la ocasión lo merecía. Cuando me dijo que me había visto un par de veces con su hermana, comprendí lo que estaba sucediendo. Al principio creían que era Thomas, pero como la tienda es el único punto de abastecimiento, la conversación entre los dueños del colmado y los vecinos habrá esparcido el rumor y ahora la noticia debe ser de conocimiento general. A veces se me olvida que somos gemelos. No obstante, diría que continúan rehuyéndome, pero con mayor disimulo.

Le he explicado que Thomas es mi hermano, y que yo me llamo Timothy. Me preguntó si también quería conocer a Yoguesoté, porque Thomas había ido a verlo. No pudo decirme nada de la cueva, puesto que es muy pequeño. Dijo que ahí solo se reunía la gente mayor, y él no tenía permiso todavía. Hace un rato, tuve el impulso de preguntar si aquí vendían petardos, para festejar con el niño el cuatro de julio, como hacíamos nosotros a su edad, con un poco de ruido, pero pronto caí en la cuenta de lo fuera de lugar que eso debe de estar aquí, entre esta gente. De hecho, es un día como otro cualquiera…. Tan silencioso… Me paso muchas horas leyendo en mi cuarto, las notas de Thomas, los libros especializados de etnografía y ocultismo que me he traído, y ahora, tu carta.

Esta tarde, ha llegado la hermana del niño al «fuerte». Mostró al principio una curiosidad temerosa, quería comprobar si era cierto lo que le había dicho su hermanito, sin duda. Es la primera mujer que veo de cerca desde mi llegada, aparte de la dueña del establecimiento donde me hospedo. Sus facciones son muy parecidas, tez tostada, los mismos pómulos marcados, los ojos rasgados, grandes y negros, el cabello lacio y tan oscuro, pero es joven. No bajó hasta el refugio de tablas, palos y telas, sino que permaneció al borde del terraplén, junto a una piedra grande y alargada que el niño llama el abrevadero, es donde beben sus «caballos» cuando juega a capturar cuatreros con sus «huestes».

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Para J. J. Crawford,
Church Street, nº 12, Arkham, MA
12 de Julio

Mi querido James

Todo lo que recabaste me ha sido de gran ayuda. Concuerdo por completo con lo expuesto de manera tan minuciosa. Me encuentro sobre una prueba tangible de todo ello, del mismo modo que lo es Dunwich o Innsmouth.

La chica, Mary, o en su idioma nativo, Tórtola Moteada, está enamorada de mí. Bueno, de Thomas. ¿Recuerdas lo que dije en broma a mi llegada, de que estaría perdiendo el tiempo con alguna nativa? No iba muy descaminado. Como prefieres los libros a los seres humanos, ja no entraré en detalles que probablemente te sean ignotos, pero aprecio indicios de ello en su forma de mirarme y en cómo me trata. No te preocupes, ya sabes que somos caballeros, con cualquier dama, y probablemente Thomas mantuvo la misma actitud hacia ella. Le conozco muy bien. Y por el mismo motivo que yo. Mary conoce la montaña y es la única que no se muestra huidiza ¿Cómo no aprovecharse de ese sentimiento? Es fantástico que le caiga simpático. Ya hemos paseado un poco juntos, con Jeff, o Pequeño Gamo, correteando alrededor. No quiero precipitarme con el asunto de la cueva y el culto, aunque es difícil de abordar durante nuestras charlas. Ella cree que soy una especie de sabio. Cuando me nombra desde la distancia, para enseñarme algún rincón de estos parajes, siempre me llama Thomas.

Mary es una sirena. Bella de lejos, pero repulsiva de cerca. No tanto como los montañeses de Aylesbury, pero estos indios están en una escala más bien cercana de decadencia física y mental. Ahora que se han acostumbrado a mí, los he visto caminar y saludarse, y entre ellos abundan los de andares cansinos y lentitud de pensamiento. Sus ojos son demasiado oblicuos, demasiado negros, cuando ella me mira, no puedo sostenerle la mirada. Es como contemplar en un rostro humano, los ojos de algún animal sin raciocinio.

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Para J. J. Crawford,
Church Street, nº 12, Arkham, MA
22 de Julio

Mi querido amigo

Me alegro de que estéis todos bien, tanto como triste de que mis últimas palabras te hayan preocupado. James, los nativos no son peligrosos, sino inquietantes. No he visto hasta el momento la menor señal de violencia, ni hacia mí ni entre ellos. Aquí solo se respira desmoronamiento lento y quietud enloquecedora, bajo un sol abrasador. Después de un mes, empiezo a echar de menos el verdor de Massachussetts y rostros más vivos.

Siento que estoy dando vueltas sobre el mismo punto, sin avances apreciables al respecto de donde lo dejó Thomas. Llevaba su cámara con él. Mary me ha enseñado una foto que le tomó. Ella y Jeff posan muy serios, con sus ropas de domingo; la imagen podría ilustrar cualquier tratado antropológico sobre los indígenas del suroeste. Veo detrás de sus piernas la piedra larga, se la sacó junto al fuerte donde juega el niño.

¿No crees que se demora la llegada de Thomas? Ya queda lejos el Salvaje Oeste, los trenes no son tan lentos. He estado pensando que podría haberse detenido brevemente en algún otro sitio que haya captado su interés. Espero que no le haya ocurrido un percance. Pero si en unas semanas no aparece en la ciudad ni recibís misiva, tendremos que tomar medidas. Lo siento, me ha temblado la mano.

James, ¿Crees en serio en la realidad de esas entidades ultraterrenas? ¿No serán alucinaciones colectivas? Sin importar la latitud, aldeanos aislados, supersticiosos y de baja inteligencia son casi siempre sus adoradores. Lo que no entiendo es donde se encuentra el origen, la fuente primordial de la que todos beben. Si pudieras acceder a los archivos sin expurgar de la expedición Dyer de la Antártida de los años 30, o conseguir más anotaciones del Necronomicón… pero incluso todo esto puede ser la plasmación de una locura momentánea debida al aislamiento y condiciones climáticas extremas, y en cuanto al segundo, ¿no era precisamente el epíteto de Abdul Alhazred «el árabe Loco»?

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Para J. J. Crawford
Church Street, nº 12, Arkham, MA
15 de Agosto

He localizado la cueva. Pero me ha costado mucho comprobar que la entrada se encuentra, en efecto, en ese punto. Ahora soy yo quien rehúye a los nativos, y no al revés. Tórtola Moteada y Pequeño Gamo no me acompañaban para enseñarme la montaña, sino para mantenerme dando rodeos, vigilando que no me acercara a la gruta. En cuanto me di cuenta, decidí romper nuestra amistad e ir solo por los promontorios. Aunque el mapa no es fino en los detalles, ya conozco lo suficiente sobre el propio terreno como para no perderme.

El niño me esperaba ayer en la puerta de la tienda, pero salí por la ventana. Hoy no estaba en el porche. Han comprendido. Eso también me preocupa.

Su hermana ha pasado unos minutos bajo mi ventana esta noche. No he descorrido las cortinas. Pero sus dedos repiquetearon insistentes en los cristales y su voz murmuraba: Thooomaas…. Thoooomaaas…. Thoomaaaas…

Casi tuve que morderme los labios para no gritarle: ¡Soy Timothy!, a esa sirena embaucadora.

P.D.: Ahora al levantarme, he ido a la ventana, y he encontrado en el alféizar mi estilográfica de nácar. Mientras guardo la carta en el sobre, me he mirado en el espejo, y pienso ante el reflejo que Thomas no se fue de esta aldea mortecina, sino que lo han encerrado, esperando entregarlo a Yoguesoté…

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Para J. J. Crawford,
Church Street, nº 12, MA
23 de Agosto

Querido James

Me sorprende tu actitud, tantas y tantas citas, que yo conozco bien, recuérdalo, todas esas advertencias ¿Crees en serio en la existencia de tales seres… entes… criaturas? Siempre te supuse más racional y escéptico, con sinceridad. Pensaba que te inclinabas más por mi bando, y no por el de Thomas. Nunca se me pasó por la cabeza que creyerais en todo eso como una realidad tangible, sino más bien como un cúmulo de folclore, cuya extrañeza había que rastrear, analizar y sistematizar. No temo a Yog-Sothoth y Nyarlathotep, sino a estos indios con ojos ferales, de cuyas mentes son producto.

Mi teoría es que el fundador fue ese supuesto faraón que no aparece en ninguna lista de dinastías, tan aborrecido por su creación que su nombre fue suprimido y silenciado, y como toda leyenda, ese hueco fue rellenado por una creciente masa de hipérboles sobre su persona, hasta acabar deificado como el gran Mensajero, el Caos Reptante, Nyarlathotep, y su culto secreto cuajó en todo lugar remoto que presentara las características precisas buscadas por sus adeptos, adoctrinando a nativos decadentes, que perpetuarían el culto, sin entenderlo por completo pero con obediencia servil a sus amos aparentemente todopoderosos. Abdul Alhazred fue un poeta en su juventud, así que se encontraría un peldaño por encima de los creyentes comunes, permitiéndole poner por escrito por primera vez el corpus de esa creencia por entonces ya milenaria, combinando la pasión del converso con su capacidad artística. Y con la aparición del Necronomicón, el asunto empeoró, porque servirá de inspiración a cuanto desequilibrado se cruce con él.

A lo largo de esta semana, me he sentido más aislado que nunca. No me había dado cuenta de cómo los paseos por la montaña con los hermanos ocupaban mi tiempo, y su presencia me hacía compañía. Apenas salgo, para evitar encontrármelos. Anteayer, salí por la ventana y caminé hasta la cueva. La habitación está en la parte de atrás de la tienda y casa de correos, y solo hay dos casas más cerca, antes de la barranca. Si el centro del pueblo es solitario, puedes imaginarte la desolación en sus afueras. Como el escondite de Jeff, el niño, Pequeño Gamo, está cerca, paso por la mañana, cuando sé que se encuentra en la escuela.

Hoy he vuelto y me he adentrado en la gruta. Es un largo túnel pétreo, en cuya parte más profunda la roca de las paredes parece haber sido tallada con tosquedad, o tal vez solo lo aparente y sean formas naturales. El suelo está alisado por el paso de generaciones y generaciones, y la explanada exterior está igual de trillada, lo mismo que los escalones que descienden desparejos hasta la hondonada, en cuyo fondo se abre esta sima. Debido a su ubicación, el lugar siempre está en sombra, así que cuando decidí dar media vuelta, al salir, empezaba a anochecer.

En la oscuridad, este lugar es peor. Los sentidos se agudizan y el simple crujir de la maleza al pisarla o las piedrecillas al ser perturbadas por mis zapatos, llegaba a mis oídos amplificado de manera alarmante. Thomas y tú habríais salido corriendo despavoridos, pero yo apreté los dientes y continué con calma. No exagero. Si conoces el origen de tu miedo, puedes dominarlo. Como primates diurnos, la noche colmada de peligros difíciles de apreciar y depredadores mejor adaptados a la noche, nos atemoriza por instinto. No hay que imaginarse siseos medio articulados, saliendo de ese agujero que va quedando atrás, ni amorfas presencias invisibles que rodean con fuerza física los tobillos, tratando de impedir tu avance.

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Para J. J. Crawford,
Church Street, nº 12, Arkham, MA
5 de Septiembre

No puedo irme, James. Claro que he pensado en retornar a Salisbury, pero ellos no quieren que sea así. Cada vez que mis pasos se han dirigido cuneta abajo hacia el desvío, algún aldeano se ha apostado en las rocas, quieto, observándome, y su figura diminuta continúa allí inmóvil cuando, ya dada la vuelta, echo una mirada atrás, deseando que solo me lo haya imaginado. Son cazadores, tienen armas de fuego.

Los hombres trabajan en unas estructuras de madera que desde las zonas más elevadas he atisbado hacia el sur, parece un aserradero, una mina, o algo así. De ellas parte otra carretera, que se dirige también hacia la ciudad. Pero intentar acercarme y huir por allí es tarea imposible, como es lógico, dada su constante presencia.

Soy un prisionero en libertad condicionada. Condicionada a unos límites, los de Pinewood Town. Lo sé, y sé que ellos saben que lo sé. Así de sencillo. Dejaré evolucionar el asunto, sabes que acabaré encontrando la manera de zafarme y escapar, aunque no sé si podré regresar a tiempo para el inicio del curso. Tal vez haya que avisar al suplente, por unos días.

P. D.: Tengo la corazonada de que Thomas está aquí, tan atrapado como yo. Tal vez me dé por vencido, abandone todo este disimulo ridículo, me rinda a ellos y me lleven con él. Intentaremos la huida juntos.

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8 de Septiembre

Lo siento James, olvidé dejar la carta en la bandeja del correo el otro día. Como aún falta un cuarto de hora para que aparezca el cartero, es un viejo indio muy puntual y su camioneta destartalada hace un ruido infernal, te remito los últimos acontecimientos.

Ayer por la tarde, al volver de mi caminata, con esa sensación que me turba a veces de tener mil ojos acechándome, me encontré con el niño. Al verme, se bajó de la piedra alargada, a la que se había subido. Nos observamos un momento, y luego salió corriendo como una hojita marrón llevada por un viento fuerte. Es lo que debería haber hecho cuando me acerqué a él por primera vez.

—¿A dónde se fue Thomas? —se paró al escuchar mi voz— El otro profesor, mi hermano, cuando fue a verlo ¿Habló con Yoguesoté? ¿Está con él? ¿Te ha contado algo Mary, o tus padres?

—¿No eres Thomas?

—No, ya te lo he dicho muchas veces, somos iguales pero distintos. Soy Timothy— su pequeña silueta amenazaba con diluirse en la gradual oscuridad del crepúsculo, juraría que sus ojitos demasiado oblicuos, demasiado juntos, brillaban como los de los gatos cuando alguna partícula aun luminosa del ambiente caía sobre ellos. Te aseguro que las ideas de tiempo y espacio tal como las viven aquí, no son como las nuestras. Y el que parezcan ignorar el concepto de gemelo solo lo empeora. Esta tribu debía ser de las que practicaban el infanticidio cuando sucedía un parto doble, no encuentro otra explicación.

—Si has vuelto, tendrás que regresar a la cueva del gran dios— razonó— todos los que son llevados a la Puerta, se quedan allí.

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Para J. J. Crawford,
Church Street, nº 12, Arkham, MA
18 de Septiembre

Si lees esto, y aún se encuentra la piedra dentro del sobre, es que habré podido colarla entre el resto del correo sin que se enteren. Espero que haya bastantes cartas. Me apoyaré en el mostrador, junto a la bandeja, mientras la patrona y el cartero cotillean, bisbiseando en idioma ojún, y pediré una gaseosa. Desde hace unos días tengo una sed infernal. Mi habilidad de tahúr hará el resto. Me apartaré con mi botellín y el viejo se inclinará como siempre para recoger la bandeja y meter todo el contenido en su saca.

Lo siento, espero que puedas entender la letra, me tiemblan las manos.

Y cuando recuerdo lo que he visto, todavía más.

Hace cinco o seis días, tal vez cuatro, no, más, cinco…. Espoleado por las palabras de Pequeño Gamo, decidí que debía adentrarme en la cueva hasta el final del túnel, porque tenía que desembocar en algún lugar de reunión para todos los que se congregaban en ella, no obstante, si resultaba ser un pasadizo hacia una red de galerías, entonces evitaría avanzar más, para no perderme. Pero tenía que resolver la incógnita.

Era largo, pero mantiene el ancho y alto aceptables en toda su extensión, hasta un arco que da paso a la gran sala abovedada. Eso es lo que iluminé con la linterna. Una enorme sala circular, con una rotonda central. Si pudiera explicarte la pestilencia que ahí se concentra, como en el nido de un carroñero. Las paredes rezuman, y en ellas fermentan cuajarones de sangre seca. No hace frío, permanece extrañamente templada, no sé cual puede ser el origen de ese calor. Del centro de la bóveda pende una especie de cuerno, y como contraparte justo debajo en el epicentro de la rotonda, se eleva un cilindro de piedra.

En la punta del cuerno y en el centro del cilindro hay respectivamente una piedra o cristal rojizo, arriba triangular con el vértice hacia abajo, plana y octogonal la de abajo, como un espejo en que reflejar a su compañera.

Y, y… la rotonda… está separada del resto del suelo por una zanja profunda, que la rodea formando un anillo… está, la zanja, está… colmatada de huesos… huesos humanos… allí, amontonados, no sé qué profundidad tendrá, pero los huesos, casi llegan al borde…

En el centro rodeado por la fosa ósea, junto al cilindro, había… un… un… esqueleto… completo…. Allí, en el suelo de piedra….

Maldita sea, James, era… era Thomas… en el anular de su mano derecha lleva nuestro anillo, nuestro anillo de sello con el escudo de armas familiar, igual que el que llevo puesto, mi gemelo…

Espero que las lágrimas no emborronen demasiado el papel… pude sentir un crujido en el cerebro en ese momento de reconocimiento, una punzada en el corazón, y a mi alrededor, voces murmurando en una jerga incomprensible, o el viento ululando.

Todo es una masa negra después, no sé cómo pude arrastrarme al exterior y acertar con el camino sin precipitarme por algún barranco, o extraviarme sin más, pero crucé en la noche hasta la ventana, cayendo de bruces en el suelo. Así me encontraron los caseros por la mañana. Estuve enfermo. Comatoso. Delirando. Varios días.

Ahora estoy de nuevo despierto. Muy débil. Sin apetito. Con mucha sed.

Creo que hoy es el 20 de septiembre, en realidad. No lo sé. Ya no estoy seguro de nada. Ahora veo el tiempo de la misma forma que ellos. Probablemente, cuando leas esto, estaré muerto. Al lado de Thomas. Tengo una cita con Yog-Sothoth.

Estos malditos se van a llevar una sorpresa cuando no puedan abrir el resquicio de la Puerta que custodian. Te entrego mi pequeña venganza. Guárdalo bien. Escóndelo entre los demás secretos de la biblioteca, viejo amigo. Ya no podré decirte quién tiene razón, si mi sacrificio será por mano de humanos enajenados, o sí en verdad un dios Exterior vendrá a alimentarse de la ofrenda…. Que locura….

Por la mañana, evitando a los Guardianes, gracias al correspondiente conjuro del De Vermis Mysteriis, que me advierte al hacerlos medio visibles para mis ojos, fui a la gruta y arranqué el cristal del cilindro, fue mucho más fácil de lo que creía. Solo estaba encajado en un hueco de similar forma. Hice palanca con la hoja de mi navaja.

Oigo acercarse el cacharro destartalado del cartero. Recupero la compostura. Simulo aplomo.

Esconde el cristal. Entiérralo. Quémalo.

Adiós, James.

* * *

Para John Wellington Upton
Dock Street, nº 6, Kingsport, MA
10 de Octubre

Querido primo

Dado que todavía dudas de todo lo que te he contado respecto a los aparentemente desaparecidos hermanos Creighton, te envío todo el material prometido para que lo compruebes con tus propios ojos. Ellos me eran muy cercanos, y lamento mucho lo que les ha sucedido. Todo esto no es algo para airear entre profanos, como comprenderás. En cuanto pueda, iré a visitarte para hablar largo y tendido sobre el asunto, y te mostraré la pieza enviada por Timothy junto a su última carta. Es un cristal de tono sanguíneo, tacto grasoso, me gustaría que lo analizarás. Tiene un grabado un poco desasosegante, que se hace visible al trasluz, una entidad espantosa dentro de lo informe. Pero sus líneas tienen algo sugestivo, una enredadera que recuerda a lo maya.

J. J. Crawford.

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ARKHAM ADVERTISER, 1 de Noviembre
ACCIDENTE MORTAL EN LA UNIVERSIDAD DE MISKATONIC

Hemos de lamentar el deceso de un joven profesor de antropología, arqueólogo aficionado y coleccionista de antigüedades de la Universidad de Miskatonic. El profesor James Joshua Crawford fue encontrado ayer sin vida en un anexo de la biblioteca del campus.

Al parecer, se precipitó desde la segunda planta, al tropezar y caer por encima de la barandilla. Hay rumores de que una cadena que llevaba al cuello le fue sustraída. Los más exagerados afirman que el colgante de esa cadena era una reliquia valiosa, y que esta le fue arrancada con una fuerza tan extrema, que había resultado decapitado. Lo cual resulta del todo inverosímil. Aunque debemos admitir que no es tan desacostumbrado en este campus, y en especial en el área de la biblioteca, que sucedan anomalías de tal calibre. Nunca nos cansaremos de recordar que muchos ciudadanos desaprueban que se custodien en ella ejemplares de literatura ocultista tan infames como una de las pocas copias completas de Necronomicón, mientras que para otros es motivo de orgullo la posesión por parte de la entidad educativa local de tan raros ejemplares. Ex Luce Ad Tenebras.

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